domingo, 21 de abril de 2019

MOKO NO TORA “EL TIGRE DE MONGOLIA”




Toshitsugu Takamatsu nació en Kobe el 10 de marzo de 1889 (Meiji 22). Sus ancestros eran miembros un clan de los bosques de Takeo, situado en las zonas montañosas de la antigua provincia de Iga (actual prefectura de Mie).
Comenzó su entrenamiento a los nueve años por iniciativa de su padre, quien pensaba que Takamatsu era muy tímido, y en la escuela lo llamaban “el niño llorón”. Su primer maestro fue su abuelo, Shinryuken Masamitsu Toda, quien lo inició en Shinden Fudo Ryu. Generalmente Toda Sensei tenía un ayudante que les enseñaba a los principiantes, pero Toda Sensei le enseñó directamente a Takamatsu. En las lecciones, Takamatsu fue arrojado de un lado para otro durante un año. Después de ese tiempo Toda Sensei comenzó a enseñarle los waza.
A los 10 años tuvo la oportunidad de que en la escuela no lo llamaran más “el niño llorón”. Esto sucedió en una clase de Sumo, cuando su profesor le pidió que subiera al ring (Dohyo) a participar de una lucha. Takamatsu derribó fácilmente a 8 ó 9 oponentes. Después de este episodio la gente comenzó a tratarlo con respeto.
Luego de aprender Shinden Fudo Ryu, estudió Koto Ryu Koppo Jutsu. Su increíble habilidad lo hizo dominar estos dos estilos cuando tan solo tenía trece años de edad. Más tarde comenzó a estudiar Togakure Ryu Ninjutsu, como así también Takagi Yoshin Ryu en el Dojo de Tadafusa Misuta Yoshitaro.
Su peso a los 12 años había aumentado a 124 lbs ( 55 Kg.) debido a sus vigorosos entrenamientos. En el Dojo lo llamaban “Kotora” (pequeño tigre); allí encontró buenos amigos aunque tuvo alguno enfrentamientos con practicantes de otras escuelas, ya que en esos tiempos era costumbre probar las técnicas de una escuela contra otra.
Un episodio al que se puede hacer referencia tuvo lugar cuando dos Musashi Bugeisha fueron al Dojo de Toda Sensei. Así cuenta la historia conocida como Kotora y Kanzaki.

Takamatsu sensei fue llamado Kotora (pequeño tigre) cuando tenía aproximadamente quince años de edad, sistía a una escuela inglesa en Kobe. En su camino de regreso a casa, pasó a visitar el hall de ejercicio de Shinryuken Toda sensei. Toda sensei le dijo a Kotora, “Has llegado justo a tiempo. Hitotsubashi y Kanzaki, ambos maestros de taijutsu de la escuela Musashi, acaban de desafiarnos a una pelea.
Kotora ¿Irás contra ellos?”
“Si, lo haré”, dijo Kotora.
Kotora fue primero contra Hitotsubashi, abrumándolo con fuerza espiritual. Parecía que estaba usando una forma de Shirabegata u observación de los movimientos del oponente. Kotora apiló presión espiritual contra él lenta pero constantemente. Hitotsubashi fue abrumado e intentó atacar a una parte vital de la caja torácica de Kotora con su puño derecho. Kotora desvió el golpe con su mano derecha y tomó una postura baja – la forma sensei – para barrerlo.
Hitotsubashi saltó.
En el mismo momento que Hitotsubashi estaba listo para agarrar a Kotora desde el aire en un contraataque con manos y pies, Kotora profirió un kiai espiritual. Hitotsubashi cayó de cabeza, con tal impacto que sonó como si el suelo se hubiese roto. Hitotsubashi se desmayó.

Observando la escena, Kanzaki se levantó. Como en el combate anterior, Kotora y su oponente se clavaron la mirada el uno al otro, cara a cara, aplicando presión espiritual. Kanzaki era un genio de 29 años de edad, a quien se llamaba el kishin de la escuela Musashi. Incluso le estaba permitido conferir la maestría total en el taijutsu de la escuela Kanzaki Musashi.
Ambos pensaron, “Él es mi igual.” Y por un rato compitieron con sus ojos y su poder mental.
De repente, la mano de derecha de Kanzaki saltó, pero era una amague. Kotora, que era joven y confiado, reaccionó, esperando un golpe de la mano derecha de Kanzaki, girando su mano izquierda, pero estaba atrapado. Kanzaki golpeó con fiereza a la articulación del codo izquierdo con el canto de su mano.
Haciendo caso omiso del codo roto, Kotora instantáneamente contraatacó con una técnica llamada gyaku ganseki otoshi (arrojando al enemigo cabeza abajo al suelo). Kanzaki no pudo resistir y colapsó.
Kotora pensó, “Lo logré.” Pero en ese momento se sintió mareado y cayó al suelo.
El taijutsu de la escuela Musashi le permite al oponente sentir que ha ganado. El oponente piensa, “Lo logré,” y en ese momento baja su guardia, entonces uno toma ventaja de su momento con la guardia baja y logra la victoria final.
Sin embargo, Kanzaki no pudo evitar el aplastante gyaku ganseki otoshi aplicado por Kotora, y fue noqueado.
Por el otro lado, Kotora estaba sufriendo también un ataque a los oídos y al brazo izquierdo. La articulación del brazo se había dislocado y él también se desmayó. Toda sensei volvió a ambos contendientes en sí. Después de que se recuperaron compartieron el placer de haber tenido una buena pelea. Kanzaki dijo, “He tenido siete u ocho de combates en mi camino de Tokyo a Kyoto en el Tokaido y nunca había sido vencido. Estoy asombrado de mi derrota ya que Toda sensei me dijo que tienes sólo quince años de edad.” Entonces, Kotora y Kanzaki discutieron las características del taijutsu de la escuela Musashi entusiásticamente.
Los jóvenes maestros que siguen las mismas artes marciales pueden hablar infinitamente.

Esencia del Ninjutsu.

Como este episodio, hay muchos otros, tanto dentro como fuera del Dojo, ya que Takamatsu era muy valiente y habilidoso. Un día comenzó a incendiarse una parte del edificio, de la fábrica de fósforos que tenía su padre, todos los empleados corrieron asustados, pero Takamatsu se coloco su ropa de entrenamiento, ya que esta es difícil de quemar, se echó agua encima y derribó los paneles de pared (fuzuma) con un palo corto (Tanbo). De esta manera pudo evitar que el fuego se propagase.
Otra historia que transcurrió en la época en que Takamatsu se encontraba trabajando en la fabrica de su padre es conocida como Tsujigiri. Así cuenta la misma.

Hace mucho tiempo, había guerreros descarados que probaban su habilidad cometiendo tsujigiri (probar la espada de uno en víctimas vivas e inocentes). Esta es una historia de cuando Takamatsu sensei tenía 18 años de edad. En la fábrica de su padre necesitaban aproximadamente unos 330 galones (unos 1250 litros) de agua clara cada día. Cada mañana, usando una pértiga y cuatro ganchos, Jutaro traía toda el agua a la fábrica. Esta era una hazaña que ningún otro hombre podía realizar. El agua provenía de la boca de una tortuga de piedra, que consistentemente daba agua clara. Esta tortuga se encontraba un poco camino abajo de la montaña Maruyama, que estaba de siete a ocho cuadras de distancia de la fábrica. Cada carga pesaba 529 libras (unos 240 kilos) y eran necesarios un total de cinco viajes desde la tortuga. Jutaro decía que esto era perfecto para acondicionar sus piernas y su cintura.
Un día un trabajador de la fábrica dijo, “Joven amo, pasé un muy mal momento anoche. Estaba trabajando solo en el puente Shin bashi cuando un hombre bloqueó mi camino. Si me movía a la derecha para sobrepasarlo, él se movía para bloquearme y hacía lo mismo si me movía a la izquierda. Entonces, me agarró por el cuello y me tiró al agua. Pensé que iba a ser asesinado. Joven amo, realmente no quiero estar errando por esa área despúes de oscurecer.” Al escuchar de casualidad esta conversación, otro trabajador agregó, “En serio? A mí también. No es como los tsujigiris de los viejos tiempos?”
Al escuchar esto, Jutaro dijo, “Déjenmelo a mí.”
El puente Shin bashi estaba en el punto donde el río desembocaba en la costa marítima Akashi. Los marineros atan aquí sus pequeños botes en los bancos y se lanzan a la mar desde este punto. En las orillas hay diecisiete o dieciocho prostíbulos. Esa noche Jutaro cruzó el puente Shin bashi cuatro o cinco veces sin que nada sucediera. Al otro día hizo lo mismo con el mismo resultado. Jutaro se dijo a sí mismo, “Tal vez este rufián sea alguien que me conoce.”
A la noche siguiente se puso un disfraz y se dirigió al puente. Como se esperaba, cuando estaba a mitad del camino sobre el puente, un hombre usaba un sombrero para cubrirse los ojos vino caminando hacia él. Jutaro se movió a la izquierda para sobrepasarlo pero el sujeto se ponía en su camino. Lo mismo ocurría si se movía a la derecha. Entonces agarró a Jutaro por el cuello e intentó proyectarlo usando su cadera. Jutaro sacó panza y dejó caer sus brazos. El hombre persistentemente intentaba proyectarlo; luego intentó pegar a Jutaro con su puño, luego intentó patearlo. Pero todos sus puños y patadas pegaban solo al aire. Cuando el hombre quedó confundido, Jutaro lo arrojó cabeza abajo, gritando un kiai. El sombrero del hombre salió volando y éste cayo sobre su estómago, quedando despatarrado como una araña muerta. Jutaro giró al hombre sobre sí para ver su cara y aplicar el arte de resucitación. Era Miyata, uno de los estudiantes de Mizuta sensei, que tenía un rango medio en jujutsu. Jutaro le reprendió con enojo, “¿Cómo puedes deshonrar a tu escuela de esta manera? ¡Deberías estar avergonzado!”

Esencia del Ninjutsu.

En la fábrica de su padre estaba trabajando como hombre de seguridad Ishitani Matsutaro Takekage, quien descendía de una familia que colaboró en la zona de Iga con la familia Hattori. Se dice que utilizaba un bokken como bastón.
Ishitani fue maestro de Hon Tai Takagi Yoshin Ryu (no confundir con Takagi Yoshin Ryu) y Kukishinden Ryu; como es de suponer Takamatsu (17 años) estudió con él hasta sus últimos días ya que desgraciadamente, tras dos años de estar juntos, Ishitani falleció en su regazo (murió aprox; en 1907 ).
Takamatsu no pasó su examen físico para ingresar en el ejército debido al golpe en la oreja izquierda que había recibido de el Musashi Bugeisha en su enfrentamiento en el dojo de Toda Sensei.
Entrenaba regularmente subiendo el monte Maya donde se encontraba la cascada de la tortuga (Kame no taki). A los 20 años estuvo viviendo en la montaña durante un año. En su estancia entrenó duramente su cuerpo y obtuvo gran fuerza física y espiritual; rompía piedras con su dedo meñique y también continuó entrenando los waza. Se dice que cuando alguien subía a la montaña podía predecir si era hombre o mujer.
Aproximadamente a los 21 años se marcho a China.
La China de aquellos tiempos se encontraba en medio de grandes trastornos, caía el Imperio y en 1912 se proclama la República, cuyo primer presidente fue Sun Yat Sen.
Desde esta fecha China conoció la mediatización de los Japoneses, las luchas entre los gobiernos del norte y el sur, con grandes injerencias Soviéticas y también las guerras locales entre grupos de bandidos. En Manchuria, los Japoneses crearon el estado llamado Manchukuo.
En 1931 comenzaron las dictaduras del Kuomintang. Había empezado la guerra contra los Japoneses, dirigidas por Chian Kai Shek. Esta guerra, enlazo con la segunda guerra Mundial, figurando China del lado de los vencedores, fue reconocida como una de las cinco grandes potencias.
Allí se convirtió (a los 26 años) en el presidente de la asociación Japonesa de jóvenes Artistas Marciales. También tuvo muchos alumnos; era considerado un Maestro de muy alto nivel no solo por su técnica sino más que nada por su fuerte espíritu y personalidad. Takamatsu tuvo contacto con el Emperador de Shinkoku y parece ser que participó en actividades políticas.
Hay una historia muy significativa en la cual se deja entrever la manera en que se lo conocía en el norte de China en aquellos tiempos. Fue allí donde comenzaron a llamarlo Moko no Tora (El Tigre de Mongolia).

Esta es una historia de cuando Jutaro tenía 26 años de edad. En varias ocasiones en China participó en competencias de artes marciales y nunca fue vencido. Así, fue recomendado para ser el presidente de la Asociación Japonesa de Jóvenes Artistas Marciales.
Lord Ren, el tío del anterior Emperador de China, trataba a Jutaro como si fuera su propio hijo. Siempre se jactaba de que su Jutaro era un artista marcial de primera. Esto no era sorprendente ya que en ese tiempo tenía ochocientos estudiantes chinos, japoneses, americanos y franceses. Cada noche, le enseñaba a 70 – 80 estudiantes. Incluso en el sofocante calor de la mitad del verano, él no mostraba ni una gota de sudor.
Escuchando estos hechos, un maestro de kung fu Saholin, Choshiryu de la provincia de Santo, retó a Jutaró a una competencia. Choshiryu levantaba 112 kilos unas 100 veces cada mañana.
Jutaro lo rechazó dos veces pero Choshiryu no aceptaba su rechazo. Esa noche, Jutaro soñó con un demonio rojo gigante que blandía una pesada barra de hierro para atrapar a una pequeña mariposa. La mariposa esquivaba los golpes sin dificultad una y otra vez. El sudor corría por el demonio rojo y al cabo de un tiempo cayó y gritó, “¡Suficiente!” A la mañana siguiente, Jutaro concibió la técnica de la danza de la mariposa.
Lord Ren vino a ver a Jutaro y le dijo, “Jutaro, Choshiryu vino otra vez. ¿Qué hacemos?”
Jutaro contestó, “Esta es la tercera vez que propone una competencia. Esta vez aceptaré su propuesta.” Lord Ren dijo, “Gracias, este será un gran evento!” Lord Ren les contó a todos los que se cruzó en la cuidad y luego informó a Choshiryu de la aceptación de Jutaro. Choshiryu tenía 37 años de edad, pesaba unos 112 kilos y medía aproximadamente 1,90 metros de altura. Jutaro pesaba unos 75 kilos. La competencia se realizó en la plaza del asentamiento inglés. Con Lord Ren como referí, la competencia comenzó con Choshiryu pegando un grito y saltando 5 metros mas cerca y pateando con la velocidad de un dragón gigante.
Jutaro saltó a la derecha 3 metros.
Choshiryu saltó hacia arriba, abajo, derecha e izquierda en un parpadeo.
Cuando se venía otra vez con un mortífero golpe de mano, Jutaro vio un punto desguardado. Intentó usar el golpe de la posición de gateo. Choshiryu saltó hacia arriba 2 metros y devolvió fieras patadas y puños.
La acalorada batalla se prolongó por dos horas cuando notó que Choshiryu estaba sin aliento y sudaba copiosamente. Sus movimientos se aletargaron notablemente. El punto débil de un luchador grande – incapacidad de soportar largas batallas – comenzó a aparecer. La visión de Choshiryu estaba disminuida por el sudor que corría por su rostro. Jutaro no transpiró una gota. Cuando Jutaro dijo, “Aquí voy,” con una calma sonrisa en sus labios, Lord Ren terminó la pelea. El público gritaba para que continuarán peleando. Pero Lord Ren podía ver que Choshiryu no tenía chances de ganar.
Jutaro y Choshiryu se sonrieron el uno al otro en agradecimiento de haber tenido tan buena pelea.
Después de la pelea, Lord Ren, Choshiryu y Jutaro fueron a un restaurante a celebrar la nueva amistad, del tipo que sólo puede venir del respeto ganado de una competencia como la que tuvieron. Choshiryu alabó a Jutaro, mientras que el joven hombre modestamente devolvía las gentilezas del mayor. Choshiryu anunció que deseaba que Jutaro sea su hermano, por lo cual sellaron su vínculo marcial con un trago de sake.
Hay pocos vínculos entre amigos que sean mas cercanos que aquellos de hermanos en las artes marciales.

Esencia del Ninjutsu.

Después de estar aproximadamente 9 años en China Takamatsu regresó a Japón en 1919. Muchas de las actividades en ese país son mantenidas en secreto por Massaki Hatsumi, pero se pueden percibir años muy intensos y peligrosos.
Otro de los relatos que han pasado a formar parte de la historia de la Bujinkan Dojo ocurrió cuando Takamatsu enfermo de beri-beri. Este es un fragmento de la historia conocida como Yamagomori y Shutzusan.

El nombre de Takamatsu sensei de niño era Jutaro. Jutaro, en marzo del trigésimo tercero año de su vida, retornó a su hogar en Japón. En su corazón anhelaba visitar la tumba de su novia Kogane, y también visitar a su abuela. Ella vivía en el distrito Higashi Shirikecho de la ciudad de Hyogo. Cuando ella vio su rostro, lloró de alegría. Él le contó la razón de su retorno a Japón. Desafortunadamente, no volvió para compartir el éxito sino que volvió al hogar para curar su enfermedad, beriberi. Dejó entrever que deseaba usar su casa para recuperarse. Ella le abrió su casa a él le dijo que descanse sin preocuparse por nada que no sea recuperarse.
Pasó un mes cuando llegó un mensajero de su padre en Akashi. Dijo que si la abuela insistía en cuidar del joven Jutaro, el padre dejaría de enviarle la cuota mensual. La abuela replicó, “¿Quien cuidará de mi querido nieto en su enfermedad si yo no lo hago? Su padre me dice que no puedo cuidarlo – que dejará de enviarme la mensualidad. Déjelo dejar de enviarme su dinero! Yo cuidaré de mi nieto si tengo que trabajar a mi avanzada edad para hacerlo. Por favor relate lo que dije a mi hijo.”
Mientras ella estaba echando al mensajero, Jutaro gateó fuera de su lecho de convalecencia y dijo al mensajero, “¡Gracias al cielo que has venido! Estaba planeando irme pronto. Estaré lo suficientemente bien en un par de días.”
Su abuela sabía que él no solo estaba enfermo de beriberi sino que también tenía dañados los pulmones, por lo que ella dijo con lágrimas cayendo por sus mejillas, “Jutaro, no importa lo que tu padre diga, curaré tu enfermedad sin importar lo que tenga que hacer. Quédate aquí y descansa.”
Jutaro no se permitiría a sí mismo causar algún inconveniente por su culpa. Aún si ello lo matara, no podía ir contra el camino del ninja. Recordaba el rostro sonriente de su maestro, Toda sensei, diciendo, “Aún cuando te enfrentes a una muerte certera, muere riendo.”
Dos días después de que el mensajero se fuera, se decidió a partir. Pensó que cuanto mas pronto se fuera, menos inconvenientes le causará a su abuela. Esperó a que ella saliera de la casa y entonces partió sin nada más que las ropas que casualmente tenía puestas. Decidió que su destino sería la montaña Mayasan (Maya es la madre de Buda) fue hacia allí arrastrando sus pesadas piernas afligidas con beriberi e hinchadas del tamaño de un elefante.
Era principios del verano. Jutaro miraba al cielo mientras subía el sendero de la montaña. A veces sus ojos se llenaban de lágrimas al hacer el gran esfuerzo de dar cada paso. “¡Kogane también murió! Yo moriré de todas formas, así que prefiero morir en soledad.”
Se arrastró sobre sus manos y rodillas, pero finalmente llegó a Kamenotaki (Cascadas de la Tortuga).
Jutaro sintió que recuperaba algo de fuerzas. La soledad vuelve frío al corazón de una persona, así que decidió encontrar algunos amigos. El viento y las aves lo llamaban. Los animales lo llamaban desde la distancia.
Era inconveniente moverse sobre el rastro al anochecer ya que no había luces, pero Jutaro no tuvo dificultades ya que había dominaba con maestría la técnica ninpo de ver a través de la oscuridad.
Una noche, Jutaro se despertó abruptamente cuando alguien gritó “¡Kaire!” (¡Vete a tu casa!). El ensordecedor grito le tocó las entrañas e interrumpió la oscura calma de la noche. Jutaro era valiente y volvió a dormirse. Más adelante descubrió que se trataba de un pájaro semi-despierto.
Varios días mas tarde, un anciano vio a Jutaro bañándose bajo la cascada se le aproximó para hablarle. “Joven hombre, pareces estar practicando ascetismo, pero para qué oras?”
Jutaro apenas podía hablar pero respondió, “Quiero curar mi enfermedad.”
Los ojos del anciano emanaban una cálida luz. “Eso no debería ser una tarea tan difícil. Tienes beriberi, y tienes la lombriz solitaria en tu estómago. Yo puedo curarte. Liberémonos primero de la lombrices.” Plegó sus manos en una de las posiciones de manos kiji in – en in (sellos de la espada) – y con un grito, se lo clavó a Jutaro en la panza murmurando para sí.
Trepó a una roca y se alejó pero parecía que sus pies no habían tocado el suelo.
La lluvia paró y el sol empezó a brillar el tercer día después de que se fuera el anciano. Jutaro sintió un enorme dolor en su estómago y corrió detrás de la cabaña para aliviarse. Encontró dos lombrices solitarias distintas. Después de un examen cuidadoso, vio que una lombriz tenía una línea vertical a lo largo de su lomo mientras que la otra tenía una línea horizontal.
“¡Que extraño, en verdad!”
“En verdad lo hizo. ¡Qué anciano más extraño!” Jutaro empezó a sentirse atraído por el misterioso poder del anciano.
Alrededor de diez días más tarde, el anciano volvió a aparecer. “¿Como estás, muchacho? Creo que te has librado de las lombrices.”
“Tienes mucho entrenamiento en las artes marciales. Tu mirada y movimientos agudos dejaron una impresión en mis intuitivos ojos.”
“Hasta sabes que he practicado artes marciales,” replicó Jutaro. “Aún soy un principiante. Toda sensei muchas veces me dijo que uno no debería tener una postura o actitud que le permita a otros saber que uno practica artes marciales.”
“Creo que está bien ya que eres tan joven.
“Cuando comparo la verdad interior de las artes marciales y la religión, veo que son de naturaleza muy similar.”
Un día vio el reflejo del rostro del anciano en el agua y no dudó en llamarlo “Sensei!”
“Eres un buen muchacho. He decidido enseñarte las habilidades que poseo, empezando ahora.”
El anciano decidió enseñarle a Jutaro las habilidades para predecir cuanto tiempo vivirá una persona, para ver en la oscuridad, y traer la libertad a los animales. Le había tomado una vida entera al anciano adquirir esas habilidades. También le pasó a Jutaro la manera de darse cuenta de los cambios en la naturaleza y como predecir las tristes calamidades antes de que ocurran.
Jutaro comenzó a ver la luz cuando se dio cuenta que el ninjutsu y las habilidades de karate y jutaijutsu que dominaba con maestría hasta aquí eran habilidades de vida – para sobrevivir. Una sonrisa se cruzó por la cara de Jutaro. “He estado entrenando creyendo que las artes marciales proveen una técnica para vencer al enemigo, mientras que el ninpo era el arte del furtivismo, de la invisibilidad. Pero cuando pienso acerca de la dirección correcta de obtener la iluminación o la naturaleza de tales artes, todo se simplifica a estudiar las leyes de la naturaleza.” Jutaro decidió continuar su encuentro con la Madre Naturaleza por otros tres meses. Pasó sus días entrenando tanto su mente como su cuerpo. El motivo por el que eligió ese lapso, es que nueve es el mas fuerte de los números y diez simboliza hacer una promesa de cumplir algún deseo.
Cuando pasaron noventa días, Jutaro le dijo adiós al gran sapo, la gran víbora, y al salto de la montaña, y a las rocas y árboles con que se había amigado durante su estadía en la montaña, y entonces descendió.

Esencia del Ninjutsu.


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